Sin título. Por Elisa O'Farrell

Viernes 16 de octubre.
Me costó salir de la cama, abrí los ojos y tardé un rato en darme cuenta en dónde estaba despertando, en qué lugar.

Ciudad de Córdoba.
Bajo los pies de la cama y empiezo la mañana pensando en lo periférico, consigna para Un Pequeño Deseo. Me preparo un café y me siento a chequear los mails, a ponerme al día. Quince mails nuevos, de los cuales elimino diez inmediatamente leyendo nomás el asunto: invitaciones a muestras y otros eventos que llegan desde Buenos Aires, lugar donde vivo. Nada de lo que pasa en esa ciudad me interesa por el momento. Suena el celular, charlo con un amigo y le cuento de la consigna. Me contesta con una frase de Eduardo Molinari: “El centro está en uno, la periferia es Usted.”

El centro está en uno, la periferia es usted. La repito una y otra vez en voz alta y cada vez me gusta más, cada vez la pronuncio más alto, con más orgullo, con más autoridad.

Y entonces por donde me vaya moviendo llevo mi centro desplazando periferias a otros sitios. Me gusta que dependa de mí, aunque no sea ese el plan de quienes construyen o marcan esas periferias, quienes deliberadamente las excluyen, con una intención obvia: la conveniencia.

Al igual que las cárceles, situadas en las afueras de las ciudades, cercadas por altos alambrados. Alejadas para aislar, con el claro propósito de hacer invisibles estos espacios. Un problema menos.

Trabajé dos años en un taller de arte dentro de una cárcel y es curioso darse cuenta que eso mismo que excluyen conserva lo más genuino. En esos límites las cosas pasan, allí todavía hay cosas por decir. Y si existe la opción de hacer visible esas realidades no debería ser por solidaridad,

pensando en que los beneficiados son los excluidos, cuando en realidad los perjudicados somos el resto, los que nos mantenemos fuera de esas periferias. Al incluir y desvanecer esos límites nos beneficiamos todos, pero principalmente los que no tenían acceso a esa realidad.

Espacio periférico, pensamiento periférico, escena periférica, educación periférica, sistema periférico.

Las estrategias de desplazamiento e invisibilidad son aplicables no sólo a espacios y geografías sino también a sistemas. También al sistema del arte. Y dentro de este sistema es importante mantener esas periferias aisladas para que un pequeño círculo concentre toda la visibilidad y atención. La consecuencia que produce la perversidad de esta estrategia es que genera rencor.

Los centros como Buenos Aires y otros a mayor escala son los primeros en excluir y fomentar periferias de todo tipo. Posiblemente esto se deba a que es un sistema regido por las leyes del mercado. Todo lo que no aporte al mercado hegemónico, quedará afuera.

Durante estos últimos años nos hemos dedicado a destruir la educación artística pública porteña, y posiblemente se deba, más allá de otros problemas a los que no nos abocaremos en este texto, a que la desaparición de este espacio de formación fomenta un mercado del arte cada vez más exclusivo, y a eso apuntan los que lo manejan.

Resultado: una educación artística pública al borde de la evaporación.

Evidentemente la mejor opción es darle cada vez más visibilidad e importancia a pocos talleres-clínicas de artistas (pocos y exclusivos también) para dejar aislada en una ex fábrica que se cae abajo la formación artística estatal pública y gratuita. Los que van a ser parte de ese centro serán los que paguen trescientos pesos al mes y respondan a las características que esos pocos talleres-clínicas requieran.

¿Podrá traducirse en una ecuación tan simple como esta?: una galería en Buenos Aires que responde al mercado internacional, un par de artistas que maneja esa galería, esos mismos artistas enseñando a sus alumnos cómo hacer para formar parte de esa misma galería. Un plan tan simple que funciona y funciona justamente porque excluye todo el resto.

Dos cosas sobre lo escrito: una, que estoy tomando un solo ejemplo (la educación artística) para ejemplificar las estrategias exclusivas y formadoras de periferias. Y otra es la elección del tono simplista y exagerado, que preferí adoptar para hablar de este tema porque creo lo merece.

Concluyo con una idea esperanzadora: con la convicción de que más allá del rencor, hay formas de transitar y hacer visibles esas periferias. Que es un camino más difícil, seguramente. La satisfacción está en darse cuenta de que ese camino por transitar lo construye uno, sin tener que circular por los lugares marcados por otros.

15 de noviembre. Suena el despertador. Me levanto con la misma sensación de no saber en dónde. Buenos Aires. Me preparo un café y prendo la computadora, varios mails nuevos, entre ellos tres desde la ciudad de Córdoba, que leo atentamente.

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Sobre la autora:

Elisa O’Farrell estudió en el Instituto Universitario Nacional de Artes de Buenos Aires. Participó de Intercampos III en la Fundación Telefónica. Fue premiada con el Subsidio del Fondo Metropolitano del Gobierno de la Ciudad de Bs.As. Realizó exposiciones individuales y colectivas en Estudio Abierto 2006, C. C. Borges Contemporáneo, C. C. de España de Bs.As., Espacio Subte de Uruguay, Centro Cultural Parque España de Rosario, y la Radio FM La Tribu.

[Un Pequeño Deseo N°17 – Diciembre 2010 – CasaTreceEdiciones – Córdoba, Argentina – http://casa13.org.ar/sin-titulo-por-elisa-ofarrell/]


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